Podríamos estar hablando horas sobre las manzanas; las hay de muchos tipos, y hay gente que las ama, y gente que las odia, así como gente que se muestra bastante indiferente al respecto. Pero lo que la mayoría de la gente ignora, es que la manzana no es solo una fruta de lo más tediosa, sino que también es un símbolo, un símbolo antiguo que alberga una profundidad que va mucho más allá que cualquier marca comercial que todos conocemos. Me explico:
La manzana aparece mencionada en el génesis. Realmente este libro no habla de una manzana exactamente, pero la tradición popular la ha concedido este papel en la historia. Allí se dice que la manzana es el fruto del árbol del que los hombres no deben comer, el Árbol de la Ciencia; aquel que pruebe su fruto, obtendrá un conocimiento sobre el bien y el mal que, por algún motivo, Dios no quiere que tengamos. Y acabamos de encontrar el primer significado de la manzana como símbolo: el conocimiento. Meditemos un poco acerca de esta cuestión y de este mito, que alberga una significación de lo más interesante. En el Paraíso, el hombre (y la mujer, evidentemente), vive de una forma relajada y sin problemas de ningún tipo, teniendo todo lo que necesita o desea al alcance de su mano, porque Dios le provee de eso. Pero tiene una condición, no ha de probar las manzanas, lo cual podría traducirse en que no debe buscar el conocimiento, según lo dicho anteriormente. Cuando tanto Adán como Eva prueban la manzana, adquieren el conocimiento de sí mismos, y son expulsados de su nidito de amor. ¿Por qué tiene Dios miedo del conocimiento? Traslademos el mito a nuestro propio mundo.
Antes de que apareciese la ciencia como la entendemos hoy en día, el hombre era incapaz de comprender los sucesos que se daban en la naturaleza, como la caída de los rayos o el resurgir de las estaciones, por ello se crearon las figuras de los dioses, como una primera teoría explicativa. Según el hombre fue comiendo de la manzana, es decir, investigando, los dioses fueron perdiendo su peso en las vidas de los hombres y fueron desapareciendo, o quedando relegados a simples aspectos formales, refugiándose en los rincones aún inexplorados por la ciencia. Por eso la Biblia nos advierte que no debemos hacer ciencia, porque relega a Dios a sus mínimos existenciales, amenazándonos con la pérdida del Paraíso (que realmente representa al dogma). Pero la Biblia fue escrita hace demasiado tiempo, ahora sabemos que la ciencia no provoca mal alguno para los hombres si es mal empleada, sino que a través de ella, poco a poco vamos alcanzando un mundo mejor, en la mayoría de los casos. Queda concluir que Eva no hizo mal en probar la manzana, aunque en aquel momento no la sentase demasiado bien, pues liberó al humano de su dependencia de lo divino y le dio el control de sus propias vidas.
La manzana vuelve a aparecer en el siglo XVII, esta vez en una famosa anécdota que le sucedió al famoso físico-matemático-teólogo-alquimista Sir Isaac Newton, quien a mi parecer, fue la mayor mente que ha existido nunca. Esta anécdota también es (seguramente) falsa, como el mito anterior, pero una vez más aparece la manzana como símbolo del conocimiento, al menos de forma abstracta.
Newton estaba sentado debajo de un manzano; en aquel momento, la universidad en la que trabajaba sufría un brote de peste, que había obligado a suspender el curso. Como era normal en él, se encontraba en un profundo debate interno acerca del movimiento de los planetas, que era uno de los temas de moda de la época. De pronto, una manzana cayó del árbol ante él, inspirándole, según se dice su teoría de la gravedad. Bien, de nuevo nos encontramos una alegoría de la manzana como símbolo del conocimiento: a Newton no le cayó nada encima, lo que significa es que Newton dio con la solución que estaba buscando desde hacía tiempo, resolviendo así uno de los grandes problemas de la humanidad como el del movimiento de los cuerpos celestes. La manzana es ese conocimiento que encontró, es la ciencia.
Y aunque me encantaría contar más sobre este genio, pero tampoco es cuestión de irse por las ramas, excepto si son ramas de un manzano. La siguiente aparición de las manzanas en la historia, se da en uno de los episodios más dramáticos de la historia de la Ciencia. Empecemos por el principio:
Durante la segunda guerra mundial, el ejército alemán se valía de la conocida máquina “enigma” para enviar mensajes codificados entre sus tropas. Esta máquina lo que hacía esencialmente era codificar y descodificar. El ejército aliado necesitaba descifrar esos mensajes para prever los ataques, así que se convocó a varios matemáticos con la misión de desvelar dichos códigos. Uno de ellos era el joven Alan Turing, que consiguió no solo resolver el problema de la máquina alemana, sino crear la llamada máquina de Turing, un aparato por el cual se predecía el funcionamiento de un ordenador, antes incluso de que se inventasen los ordenadores; realmente fascinante. Acabada la guerra, se descubrió que Turing era homosexual, lo cual estaba penado en Reino Unido en la época en la que él vivió. Fue condenado a tratarse con hormonas durante unos años, lo cual le condujo al suicidio. Para despedirse del mundo, decidió contaminar una manzana con cianuro y comérsela, lo que acabó en el acto con él. Una historia que debería enseñarnos mucho a muchos.
Como podemos ver, esta fruta, aparentemente inocente, ha acompañado durante siglos al conocimiento. Un objeto tan cotidiano puede contener muchos sentidos inesperados. Y esto no acaba aquí. Recordemos también cuando al pobre Paris le obligan a elegir entre tres diosas, obligándole a entregar una manzana a una de las tres. Aquí la manzana representa la belleza (¿podríamos quizá, relacionar ciencia y belleza?), y luego está el mito de Hércules y las manzanas de las Hespérides, y otros muchos relatos más los que la manzana adquiere un papel importante.
Ya represente la belleza, el conocimiento o el reconocimiento deberíamos “comer manzanas”.
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