El nuevo Guerenos, tierra de científicos y filósofos y cantamañanas.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Paseo por Valdecuerdo I.

No hace mucho, recibí la sugerencia de volver a darle vida a este sitio, que tanto bueno nos trajo en el pasado, por lo menos a mí. Y ¿qué mejor forma de volver a Guerenos que con aquello con lo que comenzó, hace más de un año? Sí, es cierto que volver a subir una serie que ya está más que vista pone en entredicho mi capacidad para la perogrullada, pero no podía dejar Guerenos sin Valdecuerdo. Así que he aquí el primer episodio, y tras de él, todos los demás.



Episodio I: Debate sobre la climatología en Agosto en el ámbito de la Meseta Castellana.


         Hace poco, en verano, he tenido la ocasión de visitar Valdecuerdo, un pueblo, que si os soy sincero, me ha calado muy hondo, y no solo por los cubos de agua que me tiraban por la calle. Sentía la necesidad vital de narrar la experiencia, así que espero que sea de vuestro agrado. Solamente deciros, que me he visto obligado a seleccionar las escenas más relevantes de todo lo sucedido allí. Aquí va la primera:
-Hace frío, ¿no crees?-le preguntó a Don Gervasio.
-Frío hace, frío hace.-respondió éste, colocándose la negra boina sobre la cabeza.-Tanto frío que el agua de los cubos esos, ha acabado por congelarse.
-Pero señor Gervasio,-señaló Pérez Estuardo.-se congelaron cuando los metió dentro del camión frigorífico que le robamos al repartidor el otro día. Tampoco hace tanto frío.
-Sí, no debió dejarlo cerrado con tan sólo un cerrojo,-Don Gervasio esbozó una sonrisa traviesa más propia de un chaval de quince años que de un señor de ochenta.- en el fondo le hicimos un favor al muchacho. Pero aún así sigue haciendo frío.
-Es posible.-dijo el cura despacio, como solía hablar él.-Esssss……..posible……….
-Sí,-volvió a intervenir Pérez Estuardo.-También es cierto que a las tres de la madrugada suele hacer frío. No me hagan mucho caso, pero suele pasar así. También es cierto, que cuando estuve de vulcanólogo dentro del Krakatoa, el día que saltó por los aires, no hacía frío, y eso que era tarde. Pero vayamos al grano, ahora hace frío ya que es tarde. Quizá a mediodía no haga tanto frío, y menos en Agosto.
-Ennnnn…….Agossssstoooooo……..-Don Romualdo, el cura, parecía querer guardar la expectación.-las……….cosas………….se agostan.
-¿Y tú qué opinas?-me preguntó Don Gervasio.-¿crees que hace frío o no?
         Pero yo estaba demasiado ocupado tratando de dejar claro quién tenía frío y quién no, así que ni me enteré de la pregunta, ni de quién tenía frío.
-¡TÚ!-me gritó el anciano alcalde, cual si de una vaca me tratase.-Que si crees que hace frío.
-Emmmm….-respondí yo pensativo.-Sí, empecé a tener frío cuando me tirasteis al pilón del pueblo esta madrugada y le regalasteis mi trenca nueva al perro de Faustino.-era un perro bonito, así que aquello no me molestó tanto. Tampoco conseguí explicarme por qué seguía llevando trenca en Agosto.
-Bien, bien.-se alegró Don Gervasio.-Pero el problema sigue ahí.
-¿Cuál es el problema?-preguntó el señor Pérez.
-Pues el de siempre, señor Pérez, el de siempre.-Don Gervasio agarró al pobre señor Pérez por los hombros y comenzó a zarandearle violentamente.-No hay consenso-le espetó.- No hay consenso alguno.
-Pero ¿qué consenso quiere ahora?-le preguntó Pérez cuando consiguió liberarse de las zarpas del anciano.
-Pos sobre el frío, ¿no?. Sobre el frío. No nos ponemos de acuerdo sobre si hace frío o no.
         El señor Pérez soltó tal carcajada que se la cayó la boina de la cabeza, y casi tira también la del alcalde.
-Pero si eso no es un problema ni es ná.-dijo cuando consiguió dejar de reírse.-Si yo solo había hecho esa pregunta para romper el hielo.
-Jeje.-intervine yo con uno de mis chistes malos en mente.-Si lo que quería era romper el hielo, señor Pérez, debería haber preguntado si hacía calor, no si hacía frío.
         Para variar, no se rio nadie, clara prueba de su falta de sentido del humor.
-¿Alguien sabe ya por qué ha venido al pueblo?-les preguntó el alcalde a los demás como si yo no pudiese oírles.
-Dijo….que huía de sus fans…. o algo así.-le respondió el cura.
-No sé, no sé.-susurró el señor Pérez.-Lleva un rato escribiendo todo lo que hacemos y decimos. Lo mismo nos hace famosos.
-Lo mismo….lo mismo……loooooo mismooooooooo….. nos deja de seguir en Twitter.-añadió el cura.
-Baf,-gruñó el alcalde en tono despectivo.-dejad de farfullar y votemos, que para esto nos pagan.
-A mí no me pa…-comenzó a decir el señor Pérez, pero el alcalde le cortó sin darle tiempo a acabar la frase.
-Votos a favor de que hace frío.-gritó, y de los cuatro que estábamos allí, solo levantamos la mano él y yo. Les pregunte que por qué habían tenido mi voto en cuenta, pero me dijeron que lo mejor era que no lo supiese. El cura también estuvo a punto, pero se declaró indeciso, aunque acabó levantando la mano cuando se pidieron votos a favor de que no hacía frío.
-Empate.-anunció Pérez como si hubiese sido el único que había llegado a aquella conclusión. Don Gervasio repitió el recuento por si habíamos contado mal, y no estuvo contento hasta la tercera vuelta de la votación.
-Bien.-dijo.-Nos hace falta otro voto para desempatar.-entonces se giró hacia su casa, que se encontraba al otro lado de la era.-¡Paca!¡Paca! Ahomaté, que noj falta un vóto.-gritó con su maravillosa y dulce voz, al más sofisticado estilo pastoril, pero no obtuvo respuesta alguna de su mujer.-¡Francijca!¡Francijca!-volvió a decir, pero al ver que seguía sin contestarle, cogió del suelo la piedra más grande de los alrededores y la tiró contra una ventana. Sorprendentemente, la piedra rabotó contra el cristal, deshaciéndose en pedruscos más pequeños, dejando el vidrio intacto. Clara prueba de que las casas antiguas son más resistentes que las de ahora. Entonces sí que Doña Francisca, la Gervasia, se dignó a asomarse.-¡Paca!¡¿crees que hace frío?!
-Yo que sé.-se limitó a decir la señora antes de volverse adentro.-Mira los grajos.
         No encontramos muchos grajos a las tres de la madrugada, pero por suerte, acabó pasando uno con forma de murciélago, a poca altura. Así conseguimos deducir que hacía bastante frío a pesar de ser agosto. Ésta fue la primera escena relevante que me sucedió en Valdecuerdo, días antes de las fiestas locales que puede que algún día me moleste en describir.
         Desde luego, fue un momento de alta tensión política que jamás podré olvidar. Presenciar un debate se tal relevancia socioeconómica pueden llegar a cambiar la vida de uno; ahora puedo presumir de haber debatido con tres de las mayores mentes de la historia de la humanidad, aprendiendo de ellos valores tales como el respeto hacia los demás.

         Sinceramente, os recomiendo encarecidamente que visitéis este pequeño pueblecito de la Meseta Castellana, y que disfrutéis de sus maravillosos habitantes y sus muchos puntos de interés (como el majano), igual que he hecho yo este último verano.

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