No hace mucho, recibí la sugerencia de volver a darle vida a este sitio, que tanto bueno nos trajo en el pasado, por lo menos a mí. Y ¿qué mejor forma de volver a Guerenos que con aquello con lo que comenzó, hace más de un año? Sí, es cierto que volver a subir una serie que ya está más que vista pone en entredicho mi capacidad para la perogrullada, pero no podía dejar Guerenos sin Valdecuerdo. Así que he aquí el primer episodio, y tras de él, todos los demás.
Episodio I: Debate sobre la climatología en Agosto en el
ámbito de la Meseta Castellana.
Hace poco, en
verano, he tenido la ocasión de visitar Valdecuerdo, un pueblo, que si os soy
sincero, me ha calado muy hondo, y no solo por los cubos de agua que me tiraban
por la calle. Sentía la necesidad vital de narrar la experiencia, así que
espero que sea de vuestro agrado. Solamente deciros, que me he visto obligado a
seleccionar las escenas más relevantes de todo lo sucedido allí. Aquí va la
primera:
-Hace frío, ¿no crees?-le preguntó a Don Gervasio.
-Frío hace, frío hace.-respondió éste, colocándose la negra
boina sobre la cabeza.-Tanto frío que el agua de los cubos esos, ha acabado por
congelarse.
-Pero señor Gervasio,-señaló Pérez Estuardo.-se congelaron
cuando los metió dentro del camión frigorífico que le robamos al repartidor el
otro día. Tampoco hace tanto frío.
-Sí, no debió dejarlo cerrado con tan sólo un cerrojo,-Don
Gervasio esbozó una sonrisa traviesa más propia de un chaval de quince años que
de un señor de ochenta.- en el fondo le hicimos un favor al muchacho. Pero aún
así sigue haciendo frío.
-Es posible.-dijo el cura despacio, como solía hablar él.-Esssss……..posible……….
-Sí,-volvió a intervenir Pérez Estuardo.-También es cierto
que a las tres de la madrugada suele hacer frío. No me hagan mucho caso, pero
suele pasar así. También es cierto, que cuando estuve de vulcanólogo dentro del
Krakatoa, el día que saltó por los aires, no hacía frío, y eso que era tarde.
Pero vayamos al grano, ahora hace frío ya que es tarde. Quizá a mediodía no
haga tanto frío, y menos en Agosto.
-Ennnnn…….Agossssstoooooo……..-Don Romualdo, el cura, parecía
querer guardar la expectación.-las……….cosas………….se agostan.
-¿Y tú qué opinas?-me preguntó Don Gervasio.-¿crees que hace
frío o no?
Pero yo estaba
demasiado ocupado tratando de dejar claro quién tenía frío y quién no, así que
ni me enteré de la pregunta, ni de quién tenía frío.
-¡TÚ!-me gritó el anciano alcalde, cual si de una vaca me
tratase.-Que si crees que hace frío.
-Emmmm….-respondí yo pensativo.-Sí, empecé a tener frío
cuando me tirasteis al pilón del pueblo esta madrugada y le regalasteis mi
trenca nueva al perro de Faustino.-era un perro bonito, así que aquello no me
molestó tanto. Tampoco conseguí explicarme por qué seguía llevando trenca en
Agosto.
-Bien, bien.-se alegró Don Gervasio.-Pero el problema sigue
ahí.
-¿Cuál es el problema?-preguntó el señor Pérez.
-Pues el de siempre, señor Pérez, el de siempre.-Don Gervasio
agarró al pobre señor Pérez por los hombros y comenzó a zarandearle
violentamente.-No hay consenso-le espetó.- No hay consenso alguno.
-Pero ¿qué consenso quiere ahora?-le preguntó Pérez cuando
consiguió liberarse de las zarpas del anciano.
-Pos sobre el frío, ¿no?. Sobre el frío. No nos ponemos de
acuerdo sobre si hace frío o no.
El señor Pérez
soltó tal carcajada que se la cayó la boina de la cabeza, y casi tira también
la del alcalde.
-Pero si eso no es un problema ni es ná.-dijo cuando
consiguió dejar de reírse.-Si yo solo había hecho esa pregunta para romper el
hielo.
-Jeje.-intervine yo con uno de mis chistes malos en mente.-Si
lo que quería era romper el hielo, señor Pérez, debería haber preguntado si
hacía calor, no si hacía frío.
Para variar, no
se rio nadie, clara prueba de su falta de sentido del humor.
-¿Alguien sabe ya por qué ha venido al pueblo?-les preguntó
el alcalde a los demás como si yo no pudiese oírles.
-Dijo….que huía de sus fans…. o algo así.-le respondió el
cura.
-No sé, no sé.-susurró el señor Pérez.-Lleva un rato
escribiendo todo lo que hacemos y decimos. Lo mismo nos hace famosos.
-Lo mismo….lo mismo……loooooo mismooooooooo….. nos deja de
seguir en Twitter.-añadió el cura.
-Baf,-gruñó el alcalde en tono despectivo.-dejad de farfullar
y votemos, que para esto nos pagan.
-A mí no me pa…-comenzó a decir el señor Pérez, pero el
alcalde le cortó sin darle tiempo a acabar la frase.
-Votos a favor de que hace frío.-gritó, y de los cuatro que
estábamos allí, solo levantamos la mano él y yo. Les pregunte que por qué
habían tenido mi voto en cuenta, pero me dijeron que lo mejor era que no lo
supiese. El cura también estuvo a punto, pero se declaró indeciso, aunque acabó
levantando la mano cuando se pidieron votos a favor de que no hacía frío.
-Empate.-anunció Pérez como si hubiese sido el único que
había llegado a aquella conclusión. Don Gervasio repitió el recuento por si
habíamos contado mal, y no estuvo contento hasta la tercera vuelta de la
votación.
-Bien.-dijo.-Nos hace falta otro voto para
desempatar.-entonces se giró hacia su casa, que se encontraba al otro lado de
la era.-¡Paca!¡Paca! Ahomaté, que noj falta un vóto.-gritó con su maravillosa y
dulce voz, al más sofisticado estilo pastoril, pero no obtuvo respuesta alguna
de su mujer.-¡Francijca!¡Francijca!-volvió a decir, pero al ver que seguía sin
contestarle, cogió del suelo la piedra más grande de los alrededores y la tiró
contra una ventana. Sorprendentemente, la piedra rabotó contra el cristal,
deshaciéndose en pedruscos más pequeños, dejando el vidrio intacto. Clara
prueba de que las casas antiguas son más resistentes que las de ahora. Entonces
sí que Doña Francisca, la Gervasia, se dignó a asomarse.-¡Paca!¡¿crees que hace
frío?!
-Yo que sé.-se limitó a decir la señora antes de volverse
adentro.-Mira los grajos.
No encontramos
muchos grajos a las tres de la madrugada, pero por suerte, acabó pasando uno
con forma de murciélago, a poca altura. Así conseguimos deducir que hacía
bastante frío a pesar de ser agosto. Ésta fue la primera escena relevante que
me sucedió en Valdecuerdo, días antes de las fiestas locales que puede que
algún día me moleste en describir.
Desde luego,
fue un momento de alta tensión política que jamás podré olvidar. Presenciar un
debate se tal relevancia socioeconómica pueden llegar a cambiar la vida de uno;
ahora puedo presumir de haber debatido con tres de las mayores mentes de la
historia de la humanidad, aprendiendo de ellos valores tales como el respeto
hacia los demás.
Sinceramente,
os recomiendo encarecidamente que visitéis este pequeño pueblecito de la Meseta
Castellana, y que disfrutéis de sus maravillosos habitantes y sus muchos puntos
de interés (como el majano), igual que he hecho yo este último verano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario