El nuevo Guerenos, tierra de científicos y filósofos y cantamañanas.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Paseo por Valdecuerdo III.

Episodio III: de los exóticos tesoros encontrados por Nicomedes Emiliano Abundio, natural del municipio de Valdecuerdo.

Emiliano Abundio, Nicomedes. Natural de Valdecuerdo con una edad de noventa y cinco años, licenciado en arqueología por la Universidad Congoleña Superior (cuya existencia está aún por demostrar). Es conocido en el pueblo por ser su vecino más ilustre,  uno de los más mayores, y porque el pueblo no llega a los cincuenta habitantes y allí todo el mundo se conoce. Ha pasado los últimos cincuenta años en paradero desconocido.
Esto que ves arriba fue lo primero que averigüé acerca del señor Nicomedes, que se dedicó en cuerpo y alma a la arqueología. Me dijeron que se había adentrado en lo más profundo del Amazonas nada más acabar la carrera, y había escalado el Himalaya años después. Después descubrí que esto era mentira, y que no había salido del pueblo hasta hace cincuenta años cuando partió en busca de un extraño artefacto Sahariano, cerca de Marruecos.
Todo este rollo viene a una cosa que pasó durante mi estancia en Valdecuerdo, unos pocos días antes de las fiestas municipales. Yo me encontraba en el monte con mi amigo Pelayo, que desde que había descubierto su homosexualidad, se había unido a mi cortejo personal de acosadores, junto con Elena, que también estaba allí. Estábamos dedicándonos a lanzar rocas, con la intención de hacerlas orbitar en torno al campanario de la Iglesia, pero no lo conseguimos en ninguno de nuestros intentos, no me explico yo por qué. Quizá fuesen rocas defectuosas.
         Estando en esta importante labor, nos llegó del pueblo un gran ruido, que en principio atribuimos a la cópula de dos reses; pero no tardamos en darnos cuenta de que la causa era otra muy distinta: un dirigible se acababa de estrellar contra la casa del señor Gervasio, y había explotado. Cuando fuimos a ver qué había pasado, nadie se explicaba qué hacía un dirigible allí, si la gasolinera para vehículos como ese estaba en el pueblo de al lado.
Todas las dudas se resolvieron, cuando de los restos del dirigible, bajó un señor de ya cierta edad. Todo el mundo se preguntaba quién sería, y, efectivamente, era él. Nicomedes Emiliano Abundio había vuelto a Valdecuerdo, y traía algo con él: un objeto blanco y alargado, algo extraño.
-Aquí está.-exclamó levantando el objeto. La gente cuchicheó señalándolo, sin explicarse qué sería aquello.-Es…un cuerno de mamut.
-¿Un cuerno de mamut?-dijo el señor Pérez mientras todos los presentes se reían de aquello.-ya tenemos un cuerno de mamut en la iglesia. ¿Para qué queremos otro?
-Ajá, -respondió Nicomedes.-Este no es un colmillo normal, es el famoso Cuerno Sodomizador de Mamut.-la gente se quedó sin aliento, boquiabierta.- Este cuerno es mágico, dicen, ya que está poseído por el espíritu del antiguo Sodom-Izar-Todó.
         La gente quedó en estado de shock ante aquello, sin saber qué responder, algunos incluso se desmayaron.
-Podemos……-dijo al fin el cura don Romualdo.-podemos………exponerlo.
-¿Exponerlo?-saltó don Gervasio.-Ni que hubiese museo en el pueblo.
-Un momento, un momento.-les cortó Nicomedes.-El cuerno es mío, se viene conmigo para mi casa.
         Se formó un revuelo general. La gente quería exponer el cuerno en la iglesia, para atraer a los turistas (los sistemas de imanes no habían funcionado), mientras que el anciano señor Nicomedes se negaba a dárselo. La cuestión se zanjó con una solución que yo mismo propuse: expondríamos el cuerno en el ayuntamiento mientras que al señor Nicomedes la expandíamos en la iglesia. Él se quejó un poco, pero acabó resignándole cuando le amordazamos y apaleamos. Reconozco que no fue una solución del todo justa, pero así tendríamos dos atractivos turísticos distintos.
         Cuando nos cansamos de aspirar los gases que salían del dirigible en llamas, nos dispusimos a pasar la que prometía ser una noche tranquila. Yo volví al establo que me servía de hotel; por suerte, la yegua Jacinta no daría ninguna clase de trompeta aquella noche, como era habitual (todo el pueblo quería que Jacinta les enseñara a tocar la trompeta). Fue algo distinto lo que me despertó de mi dulce sueño, lo que me separó de mis imágenes idealizadas de este mundo material: había alguien gritando en algún lugar del pueblo y había despertado a todo el mundo. En un principio pensé que nos atacaban los dragones que suelen bajar del Peñalara, pero no era eso.
         Corrí hasta la fuente del sonido, donde encontré a mucha gente reunida en torno al señor Pérez, que estaba completamente pálido.
-¿Qué ha pasado?-pregunté, tratando de expresar mis evidentes ganas por conocer lo que había sucedido allí.
-Ay hijo,-me dijo doña Angustias Padrescrueles.-el señor Pérez…
-¿Qué le pasa?-le dije empezando a impacientarme.-¿es grave?
-Ha sido…sodomizado.-dio la casualidad de que en aquel momento se calló todo el mundo de golpe, así que ese “sodomizado” sonó más fuerte. Entonces, acudieron muchas preguntas a mi mente sucia.-Sí, sodomizado, por…por…por un cuerno de mamut.
         No he pasado más miedo que entonces, cuando don Gervasio llegó diciendo que el cuerno había sido robado del ayuntamiento. Entonces todos pensamos que el culpable había sido el señor Nicomedes, pero éste seguía en la vitrina de la iglesia donde le teníamos encerrado.
-Es el espíritu.-nos advirtió a los presentes cuando fuimos a verle.-Sodom no ha hecho más que empezar.
         Todos teníamos miedo, cualquiera podía ser el siguiente en ser violado salvajemente por un objeto prehistórico de gran tamaño, así que durante  los tres días siguientes no durmió nadie.
Con el tiempo, la gente se fue confiando más y más; y justo cuando todos empezamos a creer que lo del señor Pérez había sido una broma cruel, volvió a ocurrir, pero esta vez fue Pelayo el que fue sodomizado brutalmente por el cuerno del mamut en lo más oscuro de la noche. Como él me dijo aquel mismo día, lo que él quería es que hubiese sido yo quien lo hiciese, y no el cuerno de mamut. Pero yo ya había rechazado a Elena, y también le rechacé a él; como ya he dicho varias veces, no quiero manchar esta narración con la marca de la lujuria. A partir de entonces, buscamos el cuerno (que en realidad es más correcto llamarlo colmillo) por todo el pueblo y por los contornos, pero no encontramos nada, y los días siguieron pasando, y cada día fue siendo violada más gente, mucha más gente, incluso Elena, aunque ella fue la única voluntaria, y también me dijo que debería haberme adelantado al cuerno maldito.
         Entonces decidimos hacer una cosa, que fue consultarle al señor Nicomedes, ya que supusimos que sabría algo, y él nos dijo que si le soltábamos, detendría al cuerno. Nadie se negó a aquello, básicamente porque dijimos que quién quisiese votar, debería sentarse en uno de los bancos de la iglesia, y sin sodomizar solo quedábamos tres personas. Cuando salió de la vitrina, Nicomedes nos ordenó que nos hiciésemos los dormidos la noche siguiente en medio de la plaza del pueblo, y le hicimos caso. Mientras, él se quedó dormido en un banco justo en medio, a la vista de todos, esperando que el cuerno tratase de agredirle.
         La espera fue tensa, y pasar la noche al raso fue duro, pero no fue lo más duro contando con que Pelayo se empeñó en dormir a mi lado por si “hacía frío” según él. Pero por fin llegó el momento: Nicomedes dio la voz de alarma, y en un instante, todo el pueblo se presentó en la plaza armados con antorchas, palos, hoces y horcas (uno confundió a la herramienta con el animal y se presentó allí con una pecera enorme).
         Pero, en cuanto vimos aquello, la sorpresa fue general.
-Pero Gervasio.-chilló la mujer del alcalde.-¿has sido tú todo este tiempo?
         El señor Gervasio nos miró a todos perplejo, levantando el cuerno de mamut sobre el anciano señor Nicomedes.
-Ha sido poseído por el espíritu de Sodom. –advertí.-Señor Romualdo, haga algo.
         El cura se apresuró a lanzarle al alcalde un cubo de agua, que supuse que sería bendita, pero la único que consiguió es que el alcalde gruñera y se cagara en lo más “sagrao”.
-No está poseído.-anunció Nicomedes.-No muestra los síntomas que vi en África.
-Pues claro que no estoy poseído.-farfulló Gervasio.
-Entonces…-no me quedaba más que dar lugar a la pregunta evidente.-¿por qué has violado a tantas personas?
-Pos mu simple.-el anciano alcalde se rio.-Por dos cuestiones fundamentalmente: la primera es porque me dedico a la política ¿no?,  y los políticos nos dedicamos a cosas como ésta. Y la segunda razón es que me dije a mi mismo: Gervasio, esto de violar a tus amigos y vecinos, o lo haces ahora, o nunca, así que ni me lo pensé dos veces.
         A la gente del pueblo, aquello no le gustó demasiado, y se decidió que se votaría a otro alcalde, pero os recuerdo que en Valdecuerdo, las votaciones se hacen sentados en los bancos de la iglesia, así que no fue nadie, ya que aún no se habían recuperado del todo de sus…”episodios violacionales”. Así que don Gervasio siguió en el puesto y nadie dijo ni hizo nada. Nicomedes volvió a África y se llevó el cuerno con él, para alivio de todos.
         Supongo que esperabas un final más enfático, lleno de acción, pasión, magia y muerte, pero eso en Valdecuerdo, no suele darse demasiado, así que esto es lo que hay. Si no fuese una historia real, podría haberme inventado algo espectacular, pero debo serle fiel a los hechos.

         Aún así, espero que hayas captado el miedo a ser penetrado sin previo aviso que se esconde en estas líneas, pues, para mí fue como verle la cara a la misma muerte, sentí la crudeza de este mundo, y sobretodo, comprendí el daño que los mamuts nos hicieron en el pasado, y nos siguen haciendo hoy en día. Realmente horrible.

No hay comentarios:

Publicar un comentario