Episodio
III: de los exóticos tesoros encontrados por Nicomedes Emiliano Abundio,
natural del municipio de Valdecuerdo.
Emiliano
Abundio, Nicomedes. Natural de Valdecuerdo con una edad de noventa y cinco
años, licenciado en arqueología por la Universidad Congoleña Superior (cuya
existencia está aún por demostrar). Es conocido en el pueblo por ser su vecino
más ilustre, uno de los más mayores, y
porque el pueblo no llega a los cincuenta habitantes y allí todo el mundo se
conoce. Ha pasado los últimos cincuenta años en paradero desconocido.
Esto que ves
arriba fue lo primero que averigüé acerca del señor Nicomedes, que se dedicó en
cuerpo y alma a la arqueología. Me dijeron que se había adentrado en lo más
profundo del Amazonas nada más acabar la carrera, y había escalado el Himalaya
años después. Después descubrí que esto era mentira, y que no había salido del
pueblo hasta hace cincuenta años cuando partió en busca de un extraño artefacto
Sahariano, cerca de Marruecos.
Todo este
rollo viene a una cosa que pasó durante mi estancia en Valdecuerdo, unos pocos
días antes de las fiestas municipales. Yo me encontraba en el monte con mi
amigo Pelayo, que desde que había descubierto su homosexualidad, se había unido
a mi cortejo personal de acosadores, junto con Elena, que también estaba allí.
Estábamos dedicándonos a lanzar rocas, con la intención de hacerlas orbitar en
torno al campanario de la Iglesia, pero no lo conseguimos en ninguno de
nuestros intentos, no me explico yo por qué. Quizá fuesen rocas defectuosas.
Estando
en esta importante labor, nos llegó del pueblo un gran ruido, que en principio
atribuimos a la cópula de dos reses; pero no tardamos en darnos cuenta de que
la causa era otra muy distinta: un dirigible se acababa de estrellar contra la
casa del señor Gervasio, y había explotado. Cuando fuimos a ver qué había
pasado, nadie se explicaba qué hacía un dirigible allí, si la gasolinera para
vehículos como ese estaba en el pueblo de al lado.
Todas las dudas se resolvieron, cuando de los restos del
dirigible, bajó un señor de ya cierta edad. Todo el mundo se preguntaba quién
sería, y, efectivamente, era él. Nicomedes Emiliano Abundio había vuelto a
Valdecuerdo, y traía algo con él: un objeto blanco y alargado, algo extraño.
-Aquí
está.-exclamó levantando el objeto. La gente cuchicheó señalándolo, sin
explicarse qué sería aquello.-Es…un cuerno de mamut.
-¿Un cuerno
de mamut?-dijo el señor Pérez mientras todos los presentes se reían de
aquello.-ya tenemos un cuerno de mamut en la iglesia. ¿Para qué queremos otro?
-Ajá,
-respondió Nicomedes.-Este no es un colmillo normal, es el famoso Cuerno
Sodomizador de Mamut.-la gente se quedó sin aliento, boquiabierta.- Este cuerno
es mágico, dicen, ya que está poseído por el espíritu del antiguo Sodom-Izar-Todó.
La gente quedó en estado de shock ante
aquello, sin saber qué responder, algunos incluso se desmayaron.
-Podemos……-dijo
al fin el cura don Romualdo.-podemos………exponerlo.
-¿Exponerlo?-saltó
don Gervasio.-Ni que hubiese museo en el pueblo.
-Un momento,
un momento.-les cortó Nicomedes.-El cuerno es mío, se viene conmigo para mi
casa.
Se formó un revuelo general. La gente
quería exponer el cuerno en la iglesia, para atraer a los turistas (los
sistemas de imanes no habían funcionado), mientras que el anciano señor
Nicomedes se negaba a dárselo. La cuestión se zanjó con una solución que yo
mismo propuse: expondríamos el cuerno en el ayuntamiento mientras que al señor
Nicomedes la expandíamos en la iglesia. Él se quejó un poco, pero acabó
resignándole cuando le amordazamos y apaleamos. Reconozco que no fue una
solución del todo justa, pero así tendríamos dos atractivos turísticos
distintos.
Cuando nos cansamos de aspirar los
gases que salían del dirigible en llamas, nos dispusimos a pasar la que
prometía ser una noche tranquila. Yo volví al establo que me servía de hotel;
por suerte, la yegua Jacinta no daría ninguna clase de trompeta aquella noche,
como era habitual (todo el pueblo quería que Jacinta les enseñara a tocar la
trompeta). Fue algo distinto lo que me despertó de mi dulce sueño, lo que me
separó de mis imágenes idealizadas de este mundo material: había alguien
gritando en algún lugar del pueblo y había despertado a todo el mundo. En un
principio pensé que nos atacaban los dragones que suelen bajar del Peñalara,
pero no era eso.
Corrí hasta la fuente del sonido, donde
encontré a mucha gente reunida en torno al señor Pérez, que estaba
completamente pálido.
-¿Qué ha
pasado?-pregunté, tratando de expresar mis evidentes ganas por conocer lo que
había sucedido allí.
-Ay hijo,-me
dijo doña Angustias Padrescrueles.-el señor Pérez…
-¿Qué le
pasa?-le dije empezando a impacientarme.-¿es grave?
-Ha
sido…sodomizado.-dio la casualidad de que en aquel momento se calló todo el
mundo de golpe, así que ese “sodomizado” sonó más fuerte. Entonces, acudieron
muchas preguntas a mi mente sucia.-Sí, sodomizado, por…por…por un cuerno de
mamut.
No he pasado más miedo que entonces,
cuando don Gervasio llegó diciendo que el cuerno había sido robado del
ayuntamiento. Entonces todos pensamos que el culpable había sido el señor
Nicomedes, pero éste seguía en la vitrina de la iglesia donde le teníamos
encerrado.
-Es el
espíritu.-nos advirtió a los presentes cuando fuimos a verle.-Sodom no ha hecho
más que empezar.
Todos teníamos miedo, cualquiera podía ser
el siguiente en ser violado salvajemente por un objeto prehistórico de gran
tamaño, así que durante los tres días
siguientes no durmió nadie.
Con el tiempo, la gente se fue confiando más y más; y justo
cuando todos empezamos a creer que lo del señor Pérez había sido una broma
cruel, volvió a ocurrir, pero esta vez fue Pelayo el que fue sodomizado
brutalmente por el cuerno del mamut en lo más oscuro de la noche. Como él me
dijo aquel mismo día, lo que él quería es que hubiese sido yo quien lo hiciese,
y no el cuerno de mamut. Pero yo ya había rechazado a Elena, y también le
rechacé a él; como ya he dicho varias veces, no quiero manchar esta narración
con la marca de la lujuria. A partir de entonces, buscamos el cuerno (que en
realidad es más correcto llamarlo colmillo) por todo el pueblo y por los
contornos, pero no encontramos nada, y los días siguieron pasando, y cada día
fue siendo violada más gente, mucha más gente, incluso Elena, aunque ella fue
la única voluntaria, y también me dijo que debería haberme adelantado al cuerno
maldito.
Entonces decidimos hacer una cosa, que
fue consultarle al señor Nicomedes, ya que supusimos que sabría algo, y él nos
dijo que si le soltábamos, detendría al cuerno. Nadie se negó a aquello,
básicamente porque dijimos que quién quisiese votar, debería sentarse en uno de
los bancos de la iglesia, y sin sodomizar solo quedábamos tres personas. Cuando
salió de la vitrina, Nicomedes nos ordenó que nos hiciésemos los dormidos la
noche siguiente en medio de la plaza del pueblo, y le hicimos caso. Mientras,
él se quedó dormido en un banco justo en medio, a la vista de todos, esperando
que el cuerno tratase de agredirle.
La espera fue tensa, y pasar la noche
al raso fue duro, pero no fue lo más duro contando con que Pelayo se empeñó en
dormir a mi lado por si “hacía frío” según él. Pero por fin llegó el momento:
Nicomedes dio la voz de alarma, y en un instante, todo el pueblo se presentó en
la plaza armados con antorchas, palos, hoces y horcas (uno confundió a la
herramienta con el animal y se presentó allí con una pecera enorme).
Pero, en cuanto vimos aquello, la
sorpresa fue general.
-Pero
Gervasio.-chilló la mujer del alcalde.-¿has sido tú todo este tiempo?
El señor Gervasio nos miró a todos
perplejo, levantando el cuerno de mamut sobre el anciano señor Nicomedes.
-Ha sido
poseído por el espíritu de Sodom. –advertí.-Señor Romualdo, haga algo.
El cura se apresuró a lanzarle al
alcalde un cubo de agua, que supuse que sería bendita, pero la único que
consiguió es que el alcalde gruñera y se cagara en lo más “sagrao”.
-No está
poseído.-anunció Nicomedes.-No muestra los síntomas que vi en África.
-Pues claro
que no estoy poseído.-farfulló Gervasio.
-Entonces…-no
me quedaba más que dar lugar a la pregunta evidente.-¿por qué has violado a
tantas personas?
-Pos mu
simple.-el anciano alcalde se rio.-Por dos cuestiones fundamentalmente: la
primera es porque me dedico a la política ¿no?,
y los políticos nos dedicamos a cosas como ésta. Y la segunda razón es
que me dije a mi mismo: Gervasio, esto de violar a tus amigos y vecinos, o lo
haces ahora, o nunca, así que ni me lo pensé dos veces.
A la gente del pueblo, aquello no le
gustó demasiado, y se decidió que se votaría a otro alcalde, pero os recuerdo
que en Valdecuerdo, las votaciones se hacen sentados en los bancos de la
iglesia, así que no fue nadie, ya que aún no se habían recuperado del todo de
sus…”episodios violacionales”. Así que don Gervasio siguió en el puesto y nadie
dijo ni hizo nada. Nicomedes volvió a África y se llevó el cuerno con él, para
alivio de todos.
Supongo que esperabas un final más
enfático, lleno de acción, pasión, magia y muerte, pero eso en Valdecuerdo, no
suele darse demasiado, así que esto es lo que hay. Si no fuese una historia
real, podría haberme inventado algo espectacular, pero debo serle fiel a los
hechos.
Aún así, espero que hayas captado el
miedo a ser penetrado sin previo aviso que se esconde en estas líneas, pues,
para mí fue como verle la cara a la misma muerte, sentí la crudeza de este
mundo, y sobretodo, comprendí el daño que los mamuts nos hicieron en el pasado,
y nos siguen haciendo hoy en día. Realmente horrible.
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